Viviendo en la ciudad de papel

Felicítame, pero por las razones correctas.

El 8 de marzo no me felicites por ser mujer, por ser madre o por ser ‘’linda, romántica, impredecible’’, como si esos fuesen los adjetivos perfectos para la mujer. Felicítame por ser una luchadora, por abrirme paso en un mundo tan gobernado por voces que quieren silenciar la mía. Felicítame porque mi género se quiso sacar las cadenas opresoras y no lograron callarnos. Felicitá a los cientos de mujeres que vinieron antes que yo; las empleadas, las abogadas, las maestras, los pilotos, las bomberas, enfermeras, amas de casa; las que abrieron el camino para que el día de hoy pueda tener una libertad.

No me felicites y me des una canción de Arjona, tampoco quiero flores ni electrodomésticos. Quiero que las mujeres dejen de ser violadas, asesinadas, golpeadas, mal tratadas. Quiero decidir sobre mi cuerpo porque es mío. ¿Cómo podés darme todo eso, te vas a preguntar? Fácil, uniéndote a mí y ayudándome. Quiero que te sumes a la lucha conmigo y que codo a codo cambiemos las cosas. Quiero que eduques conmigo y que dejes de tenerle miedo al feminismo, esa nueva mala palabra que asusta a muchos. Quiero que comprendas que somos iguales, y que ser madre o esposa no me hace ni más y menos que otra mujer que no lo es. Que puedo tener mi carrera y mi independencia, que también puedo limpiar y cocinar porque me gusta, y no porque es mí supuesto y muy errado deber sólo por ser mujer. Que quiero igualdad salarial y de derechos, no quiero ser acosada ni molestada, ni bajar la cabeza porque decir mi opinión en voz alta me va a dejar como una ‘’histérica’’. Quiero que comprendas que nos realizamos cada una por objetivos personales, y no tenemos una agenda de deberes por cumplir. Que comprendas que en este día no se festeja con bingos, ni ramos de flores, porque simplemente no necesito esas cosas. Necesito que conmemores conmigo hasta donde hemos avanzado, que no es poco. Pero falta mucho más.

Se conmemora la lucha femenina en un momento que era totalmente impensado. Se conmemora la muerte de cientos de mujeres americanas, trabajadoras textiles, que reclamaban mejoras laborales. Y que fueron consideradas tan, pero tan inservibles, reemplazables, sin valor; que no fueron escuchadas. Murieron en un incendio en la fábrica, causado por las malas condiciones por las que reclamaban.

No quiero que se las olvide, no quiero que hayan sufrido y hayan fallecido por nada. Como tantas otras a lo largo de la historia, en todo el mundo, de diferentes edades y clases sociales. Felicítalas a ellas, por atreverse a enfrentar los condicionamientos de su época, por querer cambiar las cosas, por luchar por lo que merecían, por querer romper un molde, el cual muchos construyeron alrededor de ellas, y siguen haciéndolo. Porque a pesar de haber pasado cientos de años, aún el día de hoy, la mujer sigue teniendo inconvenientes. Siguen negándole derechos de todo tipo. Sigue violentándola. Siguen burlándose de su lucha. Siguen mandándola a barrer y cocinar, como si fuese algo deshonroso, como si solamente fuésemos capaz de eso.

Pero somos capaces de mucho más.

Este 8 de marzo, felicítame por ser una luchadora a favor de la igualdad. Una buscadora de justicia y de derechos. Felicítame por querer salir y dejar escuchar mi voz y lo que tengo para decir, que es bastante. Felicítame porque no me voy a dar por vencida. Y cuando me sienta derrotada y con ganas de bajar los brazos, te voy a felicitar a vos por levantar más alto el estandarte.  

Feliz día, mujeres. Las felicito por todo. 


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